Yo siempre he sido mĂĄs de cine y dibujos animados que de comics, principalmente porque estos Ășltimos siempre me parecieron un hobby demasiado caro en comparaciĂłn con los otros dos. Pagar 500 pesetas por un librillo que te ibas a leer en una tarde puede parecer ahora una minucia, pero hace 15 años era un pastizal, sobre todo cuando tu âpaga semanalâ se limitaba a 200 pesetas en el fin de semana, que debĂas decidir en que se gastaban (casi siempre era en bolsas de patatitas, en cromos o en las mĂĄquinas de los bares jugando al Metal Slug 2 :) )
Con el paso de los años (y el aumento de esas 200 pesetas semanales) he aprendido a valorar un poco mĂĄs los comics, y aunque sigo sin comprar ninguno, cada vez que sale una nueva pelĂcula basada en uno que me interesa, echo mano de la Wikipedia para empaparme de todo lo que pueda del mismo y le hago preguntas a amigos como Guybrush Snake, que dominan del tema. La mayorĂa de las veces te sorprendes de algunas cosas, como la profundidad que le dan algunos guionistas a los personajes o de los argumentos enrevesados que a ojos de un crĂo de 13 años son lo mĂĄs simple del mundo.
Por supuesto, luego te encuentras con maravillas como Sin City, Kick Ass (agradable sorpresa), 300 y sobre todo Watchmen, y descubres que no es que tengas poca idea sobre el tema, es que eres un completo ignorante que no conocĂa nada mĂĄs que a Spiderman y a Batman.