[dramatización]Hace algún tiempo, cuando aún tenía imaginación, escribí un guión de lo que podría haber sido perfectamente el guión de una serie de televisión -o ésa era mi idea-. Aunque está mal que yo lo diga y no se lo haya enseñado a nadie, era un guión brillante, con frases llenas de humor inteligente que sólo aquellos con un título universitario serían capaces de entender. Aún recuerdo con mucho cariño algunas de ellas, fruto de muchas noches en vela sin poder dormir.[/dramatización] Las decía el protagonista, Aneto (sí, como el caldo):
“Cariño, ¿te importa que me tire a la nueva secretaria?, es que está como un queso“, “No se dice mola, se dice mola mazo“, “mi profesora de sexo tántrico me ha dicho que tengo acumulada tanta energía que esa es la causa de mi trastorno”, “no sé si lo que veo es lo que veo, o lo que no veo”, “Un guardaespaldas, por cierto, con una polla más corta que la mía… y encima bajito“.
En el guión de mi serie, el destino unía a cinco hombres de diferentes edades, clases sociales y profesiones que intentan superar la traición de las mujeres a las que amaban. Para divertirse, pasan sus ratos de tiempo libre tomando carajillos en el bar de la esquina riéndose de lo estúpidas que son sus mujeres y de lo malas que son en el catre.