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Críticos de cine españoles o cómo verborrear a gusto

Mono escribiendoSiempre me ha llamado la atención el trabajo de crítico de cine. Sobre todo desde que me contaron que los críticos de grandes publicaciones nacionales iban gratis al cine, a expensas de la redacción para la que trabajasen. Al fin y al cabo, nadie paga por hacer su trabajo, sobre todo cuando han de devorar varias películas a la semana. Aunque bueno, seguramente estén enamorados de su trabajo. Yo al menos lo estaría.

Pero ojo, no confundamos el término “críticos de grandes publicaciones nacionales” con “grandes críticos”. Ni mucho menos. De hecho, es bastante posible que los que merecen la pena estén escondidos en su pequeño blog personal en lugar de ser leídos por millones de personas diariamente. Al menos en España, los críticos de los periódicos de tirada nacional dejan bastante que desear, perdiéndose en sus propias palabras, verborreando como borregos y soltando una cantidad de adjetivos cursis tan alta que hace peligrar la comprensión del texto. Veamos por ejemplo lo que opinan estos dos elementos sobre la última película que he visto, Cisne Negro (Black Swan, Darren Aronofsky, 2010):

“Aronofsky cuenta esta temible historia con poderoso sentido visual, con suspense, con desasosiego. […] Por ello resulta aún más enervante que al final ese turbio universo se convierta en un esperpento barato, en efectismo hueco.” (Carlos Boyero: Diario El País)

“Aronofsky parece haber logrado aquí la síntesis perfecta de su poética. […] Propone una inmersión, sin asideros, en las profundidades de una subjetividad fracturada. […] El clímax final conquista la grandeza de lo inefable: una apoteosis de cine puro” (Jordi Costa: Diario El País)

En serio, ¿qué pretenden? ¿Es necesaria tanta rara palabrería para expresar media idea? Abusar de un diccionario de sinónimos no siempre es buena idea, sobre todo cuando tratas de engordar y adornar un texto que no da para más. Cualquiera se atrevería a decir que no son más que licenciados o diplomados en Periodismo, que han sido encasillados a la sección de cine y quieren demostrar al mundo que han aprendido un montón de palabras pero que no tienen dónde escribirlas. Que aprendan algo de sus homólogos estadounidenses:

“La película es tan condenadamente pasada de rosca en cualquiera de sus aspectos que no puede evitarse admirar a Aronofsky por atreverse a ser tan, tan absurdo” (Kirk Honeycutt: The Hollywood Reporter)

Y punto. Se entiende, ¿verdad? Pues eso.

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